EL RESCATE COMO UNA ACCION VITAL DE LA MEMORIA

16.2.21 - 

Los museos del rescate son el resultado de unos pocos años en lo que el presente se volvió pasado de un sopetón. Un pasado a olvidar, a desmantelar, a desarticular, a “levantar”. Un nuevo modelo de país que se imponía a palos y balas, que se gestaba desde la última dictadura cívico-militar. Un Estado mínimo y un libre mercado en expansión; el neoliberalismo en su mayor expresión.

“En los años 90, cuando estuvo Menem en la presidencia […] esta empresa era del Estado. Se llamaba Yacimientos Carboníferos Fiscales. Fue una empresa que Menem no pudo privatizar porque nadie la quiso comprar. Entonces, deciden hacer una concesión, conceden a un privado por casi 20 millones de dólares, como subsidio del Estado, produzca o no produzca. Eso fue un pretexto como para vaciar la empresa, hacerla desaparecer. […] Empezaron los retiros voluntarios, a desaparecer mucha maquinaria, estuvo a punto de desaparecer el pueblo de Río Turbio, donde están las minas de carbón. Fue toda una lucha tanto gremial como de la misma gente del pueblo. Hicieron puebladas, los obreros hicieron huelgas de hambre dentro de las minas. Fueron bastante convulsionados los 90”1. Desde los confines sureños, arrastrado por los fuertes vientos, Edgardo Gallardo2 cuenta cómo, en la Patagonia, el Estado estructura la vida de las personas y se reestructura, a la vez.

El modelo neoliberal se sellaba en apretón de manos y, a la vez, se enfrentaba a la movilización y la resistencia de trabajadorxs y vecinxs de pueblos a lo largo y ancho del país. El Estado empresarial e industrial que conformaban miles de familias colapsaba, y de las cenizas surgió la acción de tomar objetos del piso y llevárselos ocultos bajo el brazo. Herramientas, papeles, fotografías se convirtieron en recursos con los que acometer la urgente necesidad de reinventarse.

Fue así como algunos grupos de vecinxs, desde Santa Cruz hasta Tucumán, pasando por Buenos Aires, Córdoba y otras tantas provincias, juntaron aquellos materiales que habían guardado en sus casas, en cajas y cajones, y salpicaron el país de museos de objetos rescatados. Porque mucho tienen los museos de expolio, así como de rescate. Esos rescates imprevistos que funcionan a modo de supervivencia de vidas puestas en peligro. El Museo Ferroviario de Villars3; el Museo Taller FerroWhite, de Ingeniero White; el Museo Ferroviario de Tafí Viejo, Tucumán; y el Museo Municipal Ferroviario de Villa María, Córdoba, son solo algunos de esos museos del rescate.





Podemos pensar que el rescate de distintos materiales por parte de trabajadorxs y vecinxs, responde a su necesidad imperiosa de “dejar huella”, de saber que sus experiencias de vida y trabajo valen (¡son importantes para la historia del país!) y que resistir es apropiarse de la Historia. Las vidas tramadas en torno al Estado y empresas como FF.CC., YPF, YCF, MOP4 y la configuración de la subjetividad de un sector de las familias argentinas; no se puede borrar de un plumazo. No, si no se permite. Por eso, los rescates, esa acción subversiva de guardarse cosas en casa; porque la cultura material, sólo cobra sentido cuando actúa como soporte de memoria(s).

Al Sur

La Patagonia, ese vasto territorio bastante desconocido por la metrópoli, es tierra de resistencias históricas. Las luchas indígenas, las huelgas rurales, los piquetes en las rutas, un maestro y jóvenes asesinados por las fuerzas del Estado. Tal vez por ello sea territorio ignorado.

Aun así, en 1995-96, trabajadores jubilados pertenecientes a ATE5 (el mayor sindicato de YCF de Río Gallegos) se juntaron a pensar qué hacer con aquello que los alertaba. Todo su entorno cotidiano pasaba a ser inservible, a ser pasado, a estar “en desuso”. Sueñan y concretan en grande la restauración de una primera locomotora a vapor en el año 2000. Esta sería el inicio de una larga lista de rescates y restauraciones del entorno cotidiano. Esta acción impulsa la formación de la Asociación “Amigos del Tren” con la clara intención de sumar personas más jóvenes.

“Lo primero fue el rescate de la locomotora […]. Luego se rescata un galpón, se gestiona su comodato por cien años y un espacio anexo que era una oficina técnica de la YCF, donde se hacían planos y se había incendiado. Se rescata ese lugar y se empieza a ver la forma de rescatar la historia del lugar. Se veía que iba desapareciendo todo. Se estaba haciendo un borde costero y nadie tomó intervención en rescatar la parte histórica del lugar. La gente [de la Asociación] empezó a llevar piezas, fotografías, planos, todo lo que la empresa había dejado abandonado. Se reconstruye el lugar muy a pulmón, con ferias de comidas y bingos. Se rescata el lugar y se decide hacer un museo y una enfermería […] Nosotros vivimos en un barrio que era ferroviario. Debe haber pasado lo mismo que en otros lugares, el ferrocarril te daba todo, hasta el transporte escolar. Cuando se fue la empresa no quedó nada, no teníamos ningún centro médico cerca”6.





En 2004, se inaugura el Museo Ferroviario Roberto Galian7 y cuatro años más tarde, la enfermería. Ex-trabajadores de YCF y sus familiares recuperaban así, espacios vedados de su propio barrio.

Con respecto al museo, Edgardo comenta sus cuatro ejes temáticos: “el ferrocarril, la mina de carbón, la parte social y deportiva de la empresa YCF, y el puerto”. Y explica que la ampliación de los ejes se ha debido a la “escucha de los visitantes”; “los chicos nos preguntaban qué transportaba el tren, y tuvimos que empezar hablar del carbón y las minas de Río Turbio. Ahora tenemos una sala acondicionada como una mina”8.




La mayor complejidad que registra Edgardo es que sean solo tres personas quienes reciben a lxs visitantes, ya que “si bien es chico [el museo], técnicamente es bastante complicado”. Las temáticas abordadas requieren de un exhaustivo conocimiento en materia de tecnología, política energética, economía, estrategias de distribución, legislación laboral, gremial, etc. Es por ello que los programas de pasantías de quince días que les han ofrecido, no les resultan útiles. Claro. Resulta ser que trabajar en museos exige una formación continua que suele entrar en contradicción con las diversas modalidades de contratos que existen. Por ello, “invertir en cultura” es invertir en la permanencia de las personas que la hacen.

¿De qué está hecho el museo?

Principalmente, de personas. De aquellas que rescataron, restauraron, gestionaron y lo habitan. “En el museo hay una mesa grande y una pequeña cocina donde se reúnen los jubilados a charlar, a contar sus anécdotas. […] ese es el gran movimiento que se tiene todos los días de lunes a viernes y sirve para quien visita el museo, para contactarse de primera mano con quien trabajó en el lugar, contarle su historia. Sábados y domingos son para actividades que pueden hacerse en el patio, como algún proyecto de restauración o mantenimiento del museo”.




Desde 2008, este espacio cultural comparte el mismo lugar con uno de salud. Tal vez por ello es que resulta vital para aquellxs jubiladxs que lo visitan diariamente. Edgardo cuenta que la pandemia ha sido “el peor momento” que han atravesado en dieciséis años de existencia, porque precisamente el “distanciamiento social” impidió esas reuniones vitales. “Va a costar un poco volver a reunirnos y empezar a proyectar cosas de nuevo”.

“Estamos bastante tristes, hemos perdido tres o cuatro personas, con esto de la pandemia […] Hace dos meses atrás, falleció un viejito. No murió de Covid, murió de tristeza. Una persona que vivía casi a 40 metros del museo, estaba acostumbrada, era como su horario de trabajo. Llegaba a las dos y media, y se iba a las seis [de la tarde]. Estaba acostumbrado a ir todos los días y ya no pudo venir más y se quedó en su casa”.

El pequeño museo tiene como “primer visitante” ese “habitante”; aquel que lo habita de manera tan visceral que se torna vital. Ese grupo de socixs jubiladxs, trabajadorxs, vecinxs, jóvenes es su sentido de existencia.




Habitar el museo hace que la Asociación “Amigos de Tren” no deje de imaginarse nuevos espacios y más rescates de la historia, como el Archivo. Durante el año 2020, proyectaron y armaron un espacio físico adecuado para el material documental (que se estima trabajar junto con la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, UNPA). Otro espacio recuperado fue la cancha de tejo en el patio como lugar recreativo.

Finalmente, Edgardo expresa: “Nosotros siempre estamos trabajando en pos de preservar el patrimonio histórico del lugar, de lo que era el complejo ferroportuario de la costanera”. El objetivo de lxs amigxs del tren denota la puesta en valor y la permanencia de una identidad común local, a su vez compartida con el país, que se ve superada en las mismas acciones que realizan.

Estos hombres y mujeres sureñxs trabajan para la salud de toda una comunidad del mismo modo que lxs profesionales de la salud. Es que, en tiempos de pandemia, lo esencial es invisible a los ojos.

Texto para ATM: Julieta Rausch

Edición de texto: Ignacio Fernández del Amo.

Créditos de fotos: Edgardo Gallardo.



1 Conversación telefónica mantenida con Edgardo Gallardo el 17 de octubre de 2020.

2 Edgardo Gallardo es presidente de la Asociación “Amigos del Tren” y encargado del Museo Ferroviario Roberto Galian, de Río Gallegos, Provincia de Santa Cruz.

3 Léase nota del blog del año 2015: http://trabajadoresdemuseos.blogspot.com/2015/05/museo-ferroviario-villars-domingos-de.html

4 Ferrocarriles Argentinos, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Yacimientos Carboníferos Fiscales, Ministerios de Obras Públicas.

5 Asociación Trabajadores del Estado.

6 Conversación telefónica mantenida con Edgardo Gallardo el 17 de octubre de 2020.

7 Facebook: Museo Roberto Galian.

8 Dicha recreación solo fue posible gracias al trabajo en conjunto con el Museo Minero de Río Turbio.

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RESPUESTA DE TRABAJADORES DE MUSEOS AL ARTÍCULO "MUSEOS, EL AÑO DE LA EXTINCIÓN?" ESCRITO POR AMÉRICO CASTILLA EN REVISTA Ñ

27.4.20 - 


Este texto presenta una serie de reflexiones en contrapunto con lo expresado en el artículo “El futuro de las instituciones. Museos: ¿el año de la extinción?” de autoría del Sr. Américo Castilla, ex Secretario de Patrimonio Cultural durante el gobierno de Mauricio Macri, y publicado en Revista Ñ (Clarín) el pasado 24 de abril.

Buenos Aires, 27 de abril de 2020

Compartimos estas reflexiones desde un lugar muy específico y conocedor de la realidad de los museos, desde nuestro lugar de trabajadorxs, y por ello, nuestra primera mirada no es sobre los museos europeos y norteamericanos, sino sobre los museos de América Latina, y en especial de Argentina.

MUSEOS EUROPEOS Y NORTEAMERICANOS VS. MUSEOS LATINOAMERICANOS
Con respecto a la situación que describe Castilla sobre la crisis económica que están sufriendo hoy los museos del hemisferio norte a raíz de la pandemia que azota al mundo, creemos que esa realidad es consecuencia de un modelo de gestión de la cultura descripto y utilizado por el ex Secretario de Patrimonio. Una gestión mixta en la cual el Estado se retira lo suficiente como para dar lugar a capitales privados. Claro ejemplo del tipo de gestión que permite a los museos “...nombrar a sus CEO por su conocimiento de las finanzas, de las relaciones públicas o de las empresas de producción de commodities…” según sus propias palabras.
También refleja un modo de ver a la cultura como un “gasto”, que produce déficit fiscal, y no como una herramienta que permite garantizar derechos culturales.

En Argentina, según el Registro de Museos Iberoamericanos, el 78% de los museos son de dependencia estatal, de jurisdicción nacional, provincial o municipal según el esquema vigente. Esas instituciones son administradas por financiamiento público, y si dicha gestión no fue hasta ahora lo suficientemente satisfactoria, deberíamos repensar y repensarnos como trabajadorxs de la cultura el por qué, el mismo ejercicio deberían hacer quienes asumen las responsabilidades políticas y de gestión. No es justo que seamos solo lxs trabajadorxs lxs que carguemos con esa responsabilidad. Tampoco es posible en todos los casos, ya que muchas veces (sino siempre) no somos quienes tenemos la última palabra en cuanto a la conservación de los bienes culturales, a la producción de exhibiciones, a los programas públicos o a las políticas institucionales.
Castilla plantea que los museos “Ya no podrán existir a la espera de ser financiados por el Estado…”, por lo que vemos, tampoco serán financiados por representantes del modelo económico financiero empresarial (aunque a veces en formatos de Responsabilidad Social Corporativa intente licuar presiones fiscales a través de la filantropía).

EL ESTADO DE LXS TRABAJADORXS
Le recordamos al ex funcionario que no se han producido en Argentina, en este contexto de pandemia mundial, los despidos masivos que sí ocurrieron en el MET o MoMA de Estados Unidos1. Esto quizás se debe a que una gestión estatal debe priorizar el valor social del patrimonio por sobre su valor de consumo y, por lo tanto, su financiamiento no depende del turismo masivo o del éxito comercial de una exhibición temporaria estilo blockbuster.
Lamentablemente, en nuestro país tenemos experiencia en cuanto al retiro del Estado de la gestión cultural y sus consecuencias. Desde hace décadas se consolida la precariedad existente en las formas de contratación del personal en la administración pública en general, incluyendo al de museos.
Contamos con el triste hito del despido masivo de 500 trabajadores del Ministerio de Cultura de la Nación en 20162 cuando fueron desvinculadxs de sus puestos laborales -a través de la no renovación de contratos-. De esxs 500, cerca de 150 pertenecían a los equipos profesionales de distintos Museos Nacionales; esto sucedió apenas comenzada la gestión de Mauricio Macri, de la que Castilla era funcionario. En ese contexto, se reinstaló con fuerza el discurso de ‘los ñoquis’ en la administración pública al determinar que el nivel de actividades no se condecía con el número de recursos humanos, siendo necesario reducir el déficit heredado y la consecuente necesidad ética de transformar la cartera en Secretaría como complemento a los despidos, eliminación de programas públicos y sistemas de financiamiento3. Desde la Asociación Trabajadorxs de Museos denunciamos dichos despidos masivos4 como parte de una política cultural que recortaba derechos laborales y culturales, además de poner en riesgo el cuidado y la difusión del patrimonio histórico y cultural de nuestros pueblos.

Trabajamos todos los días para “...satisfacer la demanda de un estimable pero pequeño grupo social”. Pero no nos conformamos con eso, porque creemos que la cultura y, los museos en particular, no deben ser lugares de privilegio. También trabajamos para llegar a ese “segundo anillo comunitario”, y para conocer de primera mano, como aprendices de etnógrafos, a las comunidades próximas”, esas prácticas comunitarias, a las que se refiere el ex Secretario de Patrimonio Cultural, no son una novedad en la museología argentina y latinoamericana.
No somos “...curadores conocedores de la materia del museo…”, somos trabajadorxs de museos. Así nos identificamos. Agradecemos el consejo del ex Secretario sobre “...dialogar con académicos de otras especialidades...”. El grupo que escribe estas líneas está integrado por especialistas de distintas áreas y de distintas regiones del país: museólogxs, conservadorxs, antropólogxs, arqueólogxs, historiadorxs, gestorxs culturales, comunicadorxs, educadorxs y artistas visuales. Estamos en continuo diálogo pero también creemos, al igual que Castilla, en la importancia de “Que el personal del museo y sus asesores descubran que al compartir sus conocimientos y su ignorancia con los de la comunidad, se genera un tercer hallazgo que los sorprende y que no es propiedad de ninguno de ellos”. Ese es el trabajo que venimos realizando hace años, aunque muchos especialistas lo presenten como una novedad, casualmente en el momento en que la crisis mundial hace tambalear el modelo de gestión tan admirado de los grandes museos del hemisferio norte.

Nos preguntamos, asimismo, ¿qué sentido tiene, en un momento en el que cada vez son más las voces que expresan la necesidad de construir un nuevo orden social, mencionar unos pocos casos de ‘museos modelos’?. Es una mirada alejada, que desvaloriza un conjunto amplio y diverso de experiencias de museos que hace tiempo vienen repensando sus roles sociales y vinculaciones con las comunidades.
En el actual contexto de pandemia, los equipos de museos, continúan reflexionando qué y cómo hacer, sin dejar de acompañar e intervenir, -conscientes de la importancia que la cultura está ocupando en las casas y barrios durante el aislamiento-, incluso con metodologías para las cuales los equipos no fueron preparados.

REFLEXIONES Y PROPUESTAS DEL SIGLO XXI EN NUESTROS TERRITORIOS
En nuestro país venimos realizando reflexiones sobre nuestro quehacer y el rol social de los museos y espacios patrimoniales desde hace muchos años. En esos espacios se vienen realizando experiencias de participación comunitaria. Hemos compartido encuentros, notas, cartas, recomendaciones y experiencias con colegas de distintos lugares del territorio, y con compañerxs de diversos lugares de América Latina.
Estas reflexiones han plasmado formas de pensar y estar en el mundo que no tienen que ver con los paradigmas del capitalismo, sino con el respeto a la vida, a las comunidades, a los derechos de nuestros pueblos, el acceso a la tierra, los derechos humanos, cuestiones de géneros, educación en contextos de privación de libertad. Basta quizás algunos ejemplos que quizás el Sr. Castilla no conozca, a pesar de haber sido Secretario de Patrimonio Cultural de la Nación (2016), Director Nacional de Museos (2003-2007).
Aquí algunas de esas experiencias, sólo para presentar algunos ejemplos:

Argentina

Museo del Puerto de Ingeniero White, Bahía Blanca https://www.facebook.com/museodelpuertodeingenierowhite/

Ferrowhite Museo Taller, Bahía Blanca http://museotaller.blogspot.com/

Museo Gallardo, Rosario

Museo Ameghino, Santa Fe

Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, FFyL-UBA, CABA

Museo Integral de Laguna Blanca, Catamarca

Museo Imaginario, UNGS, Provincia de Buenos Aires

Museos de Berazategui, Provincia de Buenos Aires

Museo de la Ciudad, Rosario

Museo Etnográfico y Colonial “Juan de Garay”, Santa Fe

Museo de Farmacobotánica, FFyB-UBA, CABA

Museo Nacional Malvinas e Islas del Atlántico Sur, CABA

Museo de la Mujer Argentina, CABA

Museo Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo, CABA

Museo de Arte, UNT, Tucumán

Museo de la Casa Histórica de la Independencia, Tucumán

Museo de la Escuela Garzón Agulla, Córdoba

Museo Adán Quiroga, Catamarca

Museo Impa, CABA

Museo de Antropología, UNC, Córdoba

Museo Nacional Estancia Jesuítica de Jesús María, Córdoba

Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia, Córdoba

Sitio de Memoria Olimpo, CABA

Sitio de Memoria Virrey Cevallos, CABA

Sitio de Memoria D2, Córdoba

Sitio de Memoria La Ribera, Córdoba

Sitio de Memoria Ex CCDTyE Atlético, Ciudad de Buenos Aires

Casa Mariani-Teruggi, La Plata, Provincia de Buenos Aires

Sitio de Memoria Escuelita de Famaillá, Tucumán

Casa de la Memoria y la Resistencia Jorge “Nono” Lizaso, Florida, Provincia de Buenos Aires

Casa de la Memoria Imprenta del Pueblo “Roberto Matthews”, Córdoba

Sala de la memoria de nuestros mártires de Chamical, La Rioja

América Latina

Museo Violeta Parra, Chile

Museo Histórico Nacional, Chile

Sitio de Memoria Londres 38, Santiago de Chile

Sitio de Memoria José Domingo Cañas, Santiago de Chile https://www.facebook.com/CasaMemoriaJoseDomingoCanas/

Museo Mapuche de Cañete, Chile

Museo Casa de la Memoria, Medellín, Colombia

Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago de Chile

Museo de las Hermanas Mirabal, Republica Dominicana

Museo de las Imágenes del Inconsciente, Río de Janeiro, Brasil http://www.museuimagensdoinconsciente.org.br/

Museo da Maré, Río de Janeiro, Brasil

Red de Museos Comunitarios de América

Movimiento Internacional para la Nueva Museología

Encuentros y jornadas de reflexión

Encuentro Nacional de Trabajadores de Museos, 2011, CABA

Prácticas comunitarias en museos y espacios culturales, 2014 y 2015, Berazategui, Provincia de Buenos Aires

Conferencia Internacional MINOM Córdoba 2017

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La museología en territorio boliviano: el MuseoVida

20.4.20 - 

La museología en territorio boliviano: el MuseoVida

Todo es
proceso
construcción permanente
con aciertos y errores.
Pero eso, no se hace solo/a
se hace de a muchos/as
Y desde el suelo.

Post en Facebook
13 de marzo de 2020.
Julieta Rausch.


Toda conversación suele hacer su meollo en torno a un tema. Esta conversación colectiva tuvo la intención de girar sobre una poderosa frase del museólogo brasilero Mario Chagas “La museología que no sirve para la vida, no sirve para nada”. De allí, el nombre del conversatorio.



A la vez, toda conversación ocurre en un contexto. Por ello, si planteaba un conversatorio con trabajadores de los museos tarijeños, tenía necesariamente que conocerlos. No puedo hablar de “territorio” sino conozco.
Durante una semana recorrí los espacios de Tarija. Ese valle y chaco boliviano templado y verde. Territorio de chapacos y chapacas, cholas y cholas y de inmigrantes. De vinos, maíces y una profunda agricultura campesina ancestral.
Los museos forman parte de ese territorio que busca posicionarse como lugar turístico. Eso hace que el foco de atención en los museos sea “recibir al turista”. Estos cuentan con estructuras diversas; algunos son emprendimientos privados (derivados del coleccionismo), otros pertenecen al Estado, a la Universidad Juan Misael Saracho o a la Orden Franciscana. Ningún museo supera las diez personas como personal, pero sí tienen a cargo colecciones patrimoniales voluminosas y diversas.
De visita por los espacios, y en conversaciones informales, se comentó la necesidad de capacitación, contar con espacios del trabajo para lecturas y análisis teórico.
De esa necesidad, surgió la posibilidad.




En el marco del 4° Paro Internacional Feminista, el lunes 9 y martes 10 del mes pasado, en forma intensiva se llevó a cabo el curso/taller sobre la “ciencia de los museos”, desde un abordaje “vital”. Pensar el MuseoVida, cuyo centro son las personas (¡vivas!)
Y si bien, el conversatorio fue pensado, en primer lugar, para los/as trabajadores de museos de Tarija, el salón del Centro Cultural Casa Creart se colmó. Trabajadores de distintas instituciones culturales, estudiantes de carreras afines, docentes, investigadores, emprendedores ligados a productos regionales y al turismo, entre otros interesados/as. Cerca de ochenta personas participaron; se evidenciaba la necesidad de conocer, debatir, preguntar, pensar con otres.
La búsqueda del saber moviliza, del mismo modo que conocer a otros y otras y hacer red. Para ello, se dispuso una pared para “Post-it” con datos personales, profesiones, intereses, puestas al servicio de quien nos necesite. Hacer red; saber que no estamos solos ni solas es fundamental para imaginar otros museos.




El lunes se inició temprano conversando sobre algunos conceptos teóricos como la definición de “museo”. Pensarla, implicó retomar las discusiones dadas en la 25° Conferencia del ICOM del 2019 en Kioto, Japón. En dicha oportunidad, no se llegó a una nueva definición, lo cual evidencia la necesidad de seguir debatiendo o, dicho de otro modo, a nivel mundial estamos en permanente redefinición, aprendiendo de lo que acontece. Hoy, en cuarentena, ¿cómo se define un museo?
Luego, se plantearon cuatro ejes a debatir en grupos, teniendo como realidad concreta, los museos de Tarija. Conceptos como: (este) Territorio; (este) Tiempo Presente; los vínculos entre sujetos/as y objetos; los vínculos con otros/otras/otres.
En conversaciones reducidas de 4 o 5 participantes, los conceptos se desmenuzaban mejor y generaban derivas difíciles de sostener:
¿Ciudad o departamento?, ¿territorio sólo de chapacos?, ¿cómo se nombra el “noviembre de 2019” desde un museo tarijeño?, ¿mi reloj puede ser objeto de museo?, ¿cuál es el límite de la relación con los otros?, ¿existe un límite?





El martes fue el día de imaginar otros museos posibles. En grupos, se diseñaron propuestas concretas para comunidades (imaginadas) y así, poner en relación los museos tarijeños y las colecciones patrimoniales, con grupos específicos.
¿Los museos reconocen la diversidad de comunidades que conforman Tarija? ¿Es posible que un Museo Nacional de Paleontología y Arqueología se enlace con los jóvenes raperos que se reúnen a competir en la plaza Sucre, a dos cuadras?

Nuevamente, surgen más preguntas, más problemáticas, incluso, límites ante lo posible e imposible de un museo (¡Juguemos imaginando, incluso, lo imposible!)
Algo pasó. Los debates y discusiones surgieron y con ellos, parte del sentido común de la sociedad tarijeña: “¿Por qué un museo tendría que gastar tiempo y recursos en trabajar con el colectivo TLGB?”
¿Por qué si? ¿Por qué no? Porque, claramente como esa misma pregunta encubre, es una decisión política. Una postura política que se encuadra en la Museología Social.
La obviedad no resulta cuando se reconoce que los territorios son múltiples, diversos y altamente complejos; son espacios de disputas por el poder. Y, en particular, la pregunta resulta pertinente si se toma en cuenta el profundo tramado religioso de Tarija, donde la Iglesia Católica ordena y da sentido a la vida social.
Algo ocurrió, algo se movilizó y se inmovilizó. La museología social se expandió y sacudió prejuicios y estereotipos. Algo de eso sirvió.
La militancia en un museo es, incluso, asumir la alteridad más reaccionaria.
Allí, el mayor desafío; mirar a los lados y tirar redes hacia el/la otro/a/e distinto a mí.





Luego, de compartir con el resto del curso las propuestas, fue un honor contar con la experiencia de Vladimir Cruz Llanos, Director de la Casa Nacional de Moneda de Potosí durante los años 2017 y 2018. Vladimir compartió su experiencia de gestión que llevó a la Casa de la Moneda a ser un espacio abierto; “se la teníamos que devolver a los indios", reconociendo en esa frase la genuina pertenencia histórica de las comunidades originarias. Desde allí que varios proyectos implicaban habitar la Casa por los/las descendientes de aquellos que la construyeron con sus propias manos.
Existe la necesidad de construir significados de orden simbólico sobre la participación de los indígenas en el conjunto de la relaciones sociales y culturales del periodo colonial, el museo debe ser el espacio de la emancipación cultural, además de problematizar las representaciones de la diversidad cultural, sin duda que la tarea es compleja, transformar las practicas museológicas y museográficas del periodo de dominación colonial conlleva democratizar el museo, hacer accesible al gran público nacional el patrimonio cultural de nuestra historia como Estado Plurinacional […]”1.




Este conversatorio no terminó allí, continuó en un grupo de whatsapp, sigue en cada lectura propuesta o cada link enviado sobre una actividad. En la formación no hay principios ni fines, sólo caminos y procesos. Más preguntas, más evaluaciones, más pruebas y errores; donde se trama lo político, lo poético, lo ético, lo amoroso.
Hacer un museo en función de la vida es un museo a “escala humana”; es mirar a los ojos, tomarse el tiempo de escuchar, observar, investigar, conversar y continuar, incluso en estos tiempos donde prima la mayor distancia social.


Texto para ATM: Julieta Rausch
Créditos de fotos: Iván Castrillo, Fabio Sergio Cruz.
Agradecimientos: Fabio Sergio Cruz, Javier Navarro, Iván Castrillo, Centro Cultural Casa CREART, Vladimir Cruz, Secretaría de Turismo y Cultura de la Alcaldía de Tarija, Universidad Autónoma Juan Misael Saracho.
Contactos: Centro Cultural Casa Creart Domingo Paz 517, Tarija, Bolivia. Facebook: Fabio Sergio Cruz.

1 Cruz, Vladimir. “El museo como espacio de emancipación cultural” http://migrana.vicepresidencia.gob.bo/articulos/el-museo-como-espacio-de-emancipacion-cultural/

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